La historia de José Hernández…


by @rleon1961

En esta ocasión muy rápidamente les comparto un email que anda circulando por internet y que a los mexicanos nos debe hacer reflexionar.

EL CUENTO DEL ASTRONAUTA MEXICANO

El cuento de un astronauta mexicano o de cómo los políticos venden como un
éxito lo que en realidad es un símbolo de su fracaso.

Cuentan que en el año 2000, cuando el actual alcalde de Los Ángeles,
Antonio Villarraigosa era un político en ascenso y Presidente de la
Asamblea de California, fue invitado a cenar a casa del empresario mexicano
Carlos Slim, se le pidió, como mexicano-estadounidense, que explicara en
pocas palabras, la diferencia que había entre México y Estados Unidos.

Esto fue lo que contestó Villarraigosa:
“Mire usted, es muy simple, si mi familia se hubiera quedado a vivir en
México,
el día de hoy yo estaría sirviendo esta cena.”

Quizá hubiera sido el caso del astronauta José Hernández Moreno,
quien nació el 7 de agosto de 1962 en French Camp, California.
Es estadounidense.
Sus padres originarios de un ranchito llamado Ticuitaco, cerca de La
Piedad , Michoacán, México,
migraron a Estados Unidos, como ilegales, para emplearse en la recolección
del tomate y el pepino.

El propio José Hernández trabajaba todos los veranos en el campo.
Él mismo recuerda como estaba limpiando con azadón una fila de remolacha
azucarera, cuando escuchó en un radio de transistores la noticia de que
Franklin Chang Díaz había sido seleccionado como astronauta y cómo esa
noticia lo motivó y ese día dijo: “Yo quiero viajar al espacio.”

José Hernández lo logró.

Estudió ingeniería, alcanzó el grado de doctor, ingresó a la NASA , se
preparó y por fin el 29 de agosto de 2009 despegó como parte de la
tripulación del transbordador espacial Discovery, en una misión en la
Estación Espacial Internacional.

Pero,
¿qué hubiera sido de José Hernández si su familia se hubiera quedado en
México?

Es claro que no habría alcanzado su sueño de volar al espacio.
Tardaremos muchos lustros, antes de que México logre concretar su primera
misión espacial.
Apenas hoy se discute en el Congreso mexicano la posibilidad de crear una
Agencia Espacial Mexicana.

Pero más que eso, los futuros posibles de José Hernández si se hubiera
quedado en México están en la experiencia y en la estadística.
Como tantos mexicanos pobres, campesinos, de Michoacán y de otros estados
del país, le hubieran quedado pocas opciones y futuros muy limitados.

Difícilmente hubiera pasado de la primaria.
Estadísticamente hubiera abandonado los estudios con la secundaria
inconclusa y por supuesto su educación hubiera sido de  muy mala calidad.

Quizá se hubiera quedado a sembrar su tierra, lo que le hubiera garantizado
un futuro de miseria, con ingresos inferiores a los dos dólares al día.
Lo más probable es que, inquieto, hubiera emigrado a la ciudad.
En ese escenario estadísticamente las mayores oportunidades a las que
aspiraba José Hernández con la secundaria inconclusa, si es que conseguía
trabajo, eran las de terminar con algún trabajo precario, como jardinero,
mesero, quizá como obrero en una maquiladora, como trabajador de la
construcción o quizá conduciendo un autobús.

Pero la familia de José Hernández no se quedó, emigró como tantas otras y
le dio a su hijo la posibilidad de alcanzar un futuro totalmente distinto.

El contraste de ingresos y de oportunidades entre México y Estados Unidos
es tan grande, que por eso México sigue y seguirá siendo por muchos años un
país expulsor. Un país del que se han ido ya millones de personas.
Para darnos una idea, según cifras oficiales, consideradas muy
conservadoras por algunos expertos, hoy radican en Estados Unidos cerca de
12 millones de personas nacidas en México.
Esto es, algo así como el 10% de la población total de México.

En 2007 migraron a Estados Unidos 478 000 personas.
En 2008 migraron 450 000 y aunque las autoridades mexicanas esperan que la
cifra sea un poco menor en 2009 como consecuencia de la crisis económica en
Estados Unidos, la migración es un proceso constante.

El esplendido documental de Juan Carlos Rulfo y Carlos Hagerman: “Los que
se quedan”, nos regala un gran fresco de esta realidad.
El drama de los mexicanos que se quedan en las comunidades expulsoras de
migrantes. Los contrastes de ingresos, las diferencias, la soledad, la
incertidumbre, la miseria, pero sobre todo la falta de oportunidades.

Es con esta realidad de fondo y en esta condición, en la que entra el
absurdo, la contradicción y la vergüenza.
Es aquí donde aparece la incongruencia que enoja, que debe enojar, cuando
el gobierno y los políticos mexicanos tratan de convertir a la historia de
José Hernández en un cuento de orgullo nacional.

Es aquí donde aparece el cuento del astronauta mexicano.
Donde nos inventan la historia de superación personal de un mexicano, como
si fuera de verdad un logro nacional.

En cuanto apareció en el radar la historia del astronauta José Hernández,
de inmediato se activaron todas las maquinarias de la propaganda y el
marketing gubernamentales.
En el cuartel de todos los partidos políticos, del Congreso de la Unión y
del Ejecutivo Federal se movilizaron de inmediato las agendas y los medios
para tratar de capitalizar al máximo al supuesto astronauta mexicano.

El objetivo: convertir a José Hernández en orgullo nacional.
Es obvio, ante la falta de triunfos reales, cualquier gol de la selección
nacional, cualquier medalla, cualquier premio de literatura es bueno para
tratar de levantar un poco el ánimo y la moral nacional caídos en un país
en crisis, complicado y muy emproblemado..

El presidente personalmente paseó a José Hernández por el país.
Inmediatamente todos los medios se ocuparon del tema.
José Hernández se convirtió en súper estrella.
Entrevistas en los medios.
Toda una gira de Estado.
Visita al Congreso.
Homenajes.
Los políticos querían retratarse con él.
Regalos, las llaves de la ciudad, plaza con su nombre y sobre todo
discursos, muchos discursos.
Discursos que hablaban una y otra vez del orgullo nacional, de la
superación personal y de la capacidad de los mexicanos.

Pero la realidad es otra muy distinta. Aunque nos duela, José Hernández no
es un orgullo nacional.
Su historia de éxito no es nuestra historia de éxito y menos una historia
de la que pueda sentirse orgulloso nuestro gobierno o nuestra clase
política.

No es un problema de nacionalidades.
José Hernández es estadounidense y tiene raíces mexicanas, tiene acceso a
la nacionalidad mexicana, por derecho de sangre, y él mismo se identifica
mucho con nuestra cultura.
Pero ese no es el debate.

José Hernández puede ser mexicano, pero la historia del astronauta José
Hernández es totalmente estadounidense.
El logro de llevar a un jornalero agrícola pobre al espacio, es una
historia de movilidad social en los Estados Unidos.
El mérito es de otro sistema. José Hernández se hizo en otro país, con
otras políticas públicas, con otro gobierno y con otras leyes.

La verdadera imagen de José Hernández es la fotografía de un hombre con una
bandera con estrellas y barras en el hombro.
Su bandera como astronauta.
La bandera de su logro.
En todas las imágenes vimos a un miembro de la fuerza aérea estadounidense,
enfundado en su uniforme azul, portando con orgullo la bandera del país que
le dio la oportunidad de tener la educación de calidad, la salud, las
condiciones y el ambiente de libertad necesarios, para alcanzar sus metas.

Inventar el cuento del astronauta mexicano por parte del gobierno, es como
robar un pedacito de gloria. Mendigar triunfos ajenos. Usurpar éxitos
imposibles, en un país que no atina el rumbo para convertirse en serio en
un México ganador.

El Presidente de México Felipe Calderón dijo en uno de los homenajes: “la
brillante historia de vida de José Hernández es y debe ser un ejemplo para
los mexicanos.” ¿Lo dice en serio?
¿Cuál es el ejemplo Señor Presidente?
¿Irse?
¿Nacer en Estados Unidos?
¿Migrar?
¿Qué las familias mexicanas migren a tiempo?
¿Hacerse norteamericano?
¿Buscar allá las oportunidades que no se tienen aquí?

La historia de éxito personal de José Hernández, es al mismo tiempo la
historia del fracaso de la política económica, de la política social y de
la política exterior del gobierno mexicano. Es la historia del fracaso de
éste y de varios gobiernos mexicanos.

Su historia debería darle vergüenza a una clase política incapaz de ponerse
de acuerdo y de generar un proyecto de nación para los millones de José
Hernández que están repartidos por todo el país, y que no quieren ser
astronautas, millones de mexicanos a quienes sólo les bastaría con poder
comer, con tener un mínimo de salud, un piso que no sea de tierra o saber
leer y escribir.

José Hernández es la historia moderna de Benito Juárez.
Uno llega a la presidencia, el otro llega al espacio.
Ambas son historias de éxito.
Historias de superación personal.
Íconos.
Ejemplos.
Pedagogía pura..
Historia de bronce.
Los dos comparten esa historia de movilidad social, que tanto nos gusta a
los seres humanos.
Es el cuento de la cenicienta.
Es la pobreza superada, es la miseria transitada.
Es el éxito a pesar de la adversidad.

Pero la de Juárez es una historia mexicana del siglo XIX.
La de José Hernández es una historia norteamericana del siglo XXI.

José Hernández dijo en una entrevista: “Lo que me sorprendió mucho es
cuando vi al mundo como uno: no había fronteras, no se podía distinguir
entre Estados Unidos y México”, pero lo cierto es que sí existen las
fronteras.
Su familia cruzó una de ellas de manera ilegal.
Lo cierto es que sí existen las banderas y las diferencias.
Sí existe una frontera que hace a dos países muy distintos.

La lección es muy clara:
si José Hernández se hubiera quedado en México,
quizá hoy estaría sirviendo la cena.

Saludos

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4 comentarios en “La historia de José Hernández…

  1. El mérito es de Jose Hernandez, no le quitemos eso. Aún en USA hay muchos que ni teniendo todo puesto logran algo en su vida, si no, quien consume todas esas drogas que tanto demandan? No caigamos en el error de creer que el patio del vecino es siempre mas verde, también en México se puede triunfar basta superar las barreras que muchas veces nos autoimponemos. Amo este planeta por encima de las diferencias de raza, idioma, país, etc. Que no lo deben presumir nuestras autoridades? de acuerdo con eso.

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